20 enero 2006

Ópera de altas esferas


El mundo y, por ende, las relaciones políticas, se asemejan a un aria para tenor de 65 compases -por poner un ejemplo.
Este aria fue concebida como un desafío a la voz humana masculina, y al llegar al compás número 33, el tenor ha de forzar su voz hasta una nota sobrehumana. Nadie ha podido jamás lograr un registro así. Para llegar, se corre el riesgo de perder la voz para siempre.
Durante años, los dos mejores tenores del mundo, famosos por el potencial de su instrumento vocal, compitieron interpretando el aria una y otra vez. Al llegar al compás número 33, callaban súbitamente, conscientes de que no eran capaces de llegar. Así, evitaban perder su voz y, evidentemente, su vida.
En el año 91, uno de los dos tenores anunció su retirada del mundo del bel canto. El otro, a pesar de contar con su voz intacta, se dedica a dar pequeños recitales de vez en cuando, para que el mundo no olvide su figura.
Desde entonces, varios tenores de menor calado han copado el escenario de la música, intentando emular a los dos gigantes que durante años cautivaron al mundo. Como todos los segundones resentidos, sobreestiman sus capacidades, hasta el punto de atreverse a interpretar el aria e, incluso, querer cantar el compás número 33, forzando hasta límites insospechados su voz, no acostumbrada a registros tan altos.
Jacques Chirac ha anunciado que Francia está dispuesta a utilizar su capacidad nuclear contra estados que apoyen el terrorismo internacional. Ya no hay peligro de destrucción mutua asegurada...
¿Se atreverá alguno de los segundones a afrontar el compás número 33 y quebrar así su voz para siempre?
Ojalá todo fuera música...

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