24 enero 2006

Ora et Labora

La vida sigue.
Continúo de exámenes. Empecé ayer. La cosa no salió mal. Tampoco voy a lanzar las campanas al vuelo, porque ya me sé yo estas cosas. "Buah, me salió de puta madre"; toma, un 3. "Puff, menudo truño de examen, me tiran sólo con la primera pregunta"; un 8,5. Estas son las cosas que nadie entenderá nunca.
Continúo la semana que viene con dos. El lunes, Derecho de la Información. El viernes, Opinión Pública. Con toda sinceridad, no sé qué pasará. Es probable que los saque, pero sé que esta semana voy a estar quejándome todo el día, básicamente porque es mi sino en exámenes, y si no, no estoy feliz.
Mientras tanto, un maldito virus o algo raro, se está adueñando del Chaminade. La gente se va por todos los lados y ya van 80. Es un espectáculo dantesco ver llegar todas las noches a las ambulancias del SAMUR y a personal de Sanidad para comprobar cómo va la cosa. Mientras tanto, los que seguimos sanos, tenemos ese síndrome psicótico de saber que podemos ser los próximos. De hecho, creo que no me ha dolido el estómago tan de seguido estando sano, en la vida. Es imposible no obsesionarse con cada digestión cuando te pasas el día viendo zombies que se arrastran alrededor tuyo. Y, lo peor de todo, es que estamos en exámenes.
Realmente, somos malditamente asquerosos. Vivimos por y para el trabajo, y nos han educado así desde pequeños. Nos importa tres cojones nuestra salud, y lo digo en serio. No nos jode que nos vayamos a tirar un día y medio en la cama echando hasta la última papilla, sino que lo que nos jode es saber que durante ese día y medio no podremos estudiar. Así de patéticos somos. Si esto hubiera ocurrido a mediados de marzo, nos daría relativamente igual y, quizás, ni nos obsesionaríamos. Pero ahora... Ahora estamos todos tirándonos de los pelos cada vez que sabemos que alguien más ha caído, porque nos vemos en su misma situación y yendo de culo para estudiar el siguiente. Y, claro, no nos podemos perder ni un día. Trabajo, trabajo, trabajo.
A veces me imagino como una especie de Sísifo del siglo XXI llevando su pesada roca colina arriba, para que vuelva a caer. Y lo peor de todo, es que nos gusta.
Ni se nos ha pasado por la cabeza trabajar para vivir. Vivimos para trabajar.

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