Tiene el jazz un extraño sentido de desprecio y amor a la vida. El jazz es una música para oír de noche. Es la banda sonora de la canalla. El colchón sonoro de la ralea más despreciable y, a la vez, la más dulce y hermosa.
Tiene el jazz algo de primitivo, de primario, de extraño, que atrae. Es la música más anárquica que existe y sin embargo, todo es ritmo y empaste. Por eso mismo, por esa perfección armónica es inconcecible parte a parte.
El jazz necesita de poca luz para ser comprendido. El jazz necesita un corazón sangrante y, a la vez, lleno de costra, pero con ganas de vivir. El jazz es el canto a la vida desde la muerte, y viceversa. Es la contradicción total y lo más lógico sobre la faz de la tierra.
Sus notas salen expulsadas con rabia, o lentas y pastosas como una boca borracha de whisky.
Nos trae el jazz historias de ciudades carcomidas por el pecado y por el juego. Historias de antepasados encadenados a la esclavitud y al trabajo de sol a sol. Nos trae amores prohibidos y dolor por aquello que no llegará. El jazz nos trae alegrías por el reencuentro, por la amistad hasta altas horas de la madrugada.
El jazz nos permite enamorarnos, odiarnos, disfrutar y sufrir juntos. Su sonido seguirá presente cuando la última estrella del cielo se apague y el Sol se funda con el Universo.
"En el principio fue el verbo".
Tiene el jazz algo de primitivo, de primario, de extraño, que atrae. Es la música más anárquica que existe y sin embargo, todo es ritmo y empaste. Por eso mismo, por esa perfección armónica es inconcecible parte a parte.
El jazz necesita de poca luz para ser comprendido. El jazz necesita un corazón sangrante y, a la vez, lleno de costra, pero con ganas de vivir. El jazz es el canto a la vida desde la muerte, y viceversa. Es la contradicción total y lo más lógico sobre la faz de la tierra.
Sus notas salen expulsadas con rabia, o lentas y pastosas como una boca borracha de whisky.
Nos trae el jazz historias de ciudades carcomidas por el pecado y por el juego. Historias de antepasados encadenados a la esclavitud y al trabajo de sol a sol. Nos trae amores prohibidos y dolor por aquello que no llegará. El jazz nos trae alegrías por el reencuentro, por la amistad hasta altas horas de la madrugada.
El jazz nos permite enamorarnos, odiarnos, disfrutar y sufrir juntos. Su sonido seguirá presente cuando la última estrella del cielo se apague y el Sol se funda con el Universo.
"En el principio fue el verbo".
Ese verbo era to jazz.
1 comentario:
Uhm, pues sí, de repente es atractivo pensar que la galaxia escucha jazz :) Un saludo.
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