19 enero 2006

La música del universo

Tiene el jazz un extraño sentido de desprecio y amor a la vida. El jazz es una música para oír de noche. Es la banda sonora de la canalla. El colchón sonoro de la ralea más despreciable y, a la vez, la más dulce y hermosa.
Tiene el jazz algo de primitivo, de primario, de extraño, que atrae. Es la música más anárquica que existe y sin embargo, todo es ritmo y empaste. Por eso mismo, por esa perfección armónica es inconcecible parte a parte.
El jazz necesita de poca luz para ser comprendido. El jazz necesita un corazón sangrante y, a la vez, lleno de costra, pero con ganas de vivir. El jazz es el canto a la vida desde la muerte, y viceversa. Es la contradicción total y lo más lógico sobre la faz de la tierra.
Sus notas salen expulsadas con rabia, o lentas y pastosas como una boca borracha de whisky.
Nos trae el jazz historias de ciudades carcomidas por el pecado y por el juego. Historias de antepasados encadenados a la esclavitud y al trabajo de sol a sol. Nos trae amores prohibidos y dolor por aquello que no llegará. El jazz nos trae alegrías por el reencuentro, por la amistad hasta altas horas de la madrugada.
El jazz nos permite enamorarnos, odiarnos, disfrutar y sufrir juntos. Su sonido seguirá presente cuando la última estrella del cielo se apague y el Sol se funda con el Universo.
"En el principio fue el verbo".
Ese verbo era to jazz.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Uhm, pues sí, de repente es atractivo pensar que la galaxia escucha jazz :) Un saludo.