16 enero 2006

Agua que cae

El cielo cae encima mío. No reconozco más frontera que la existente entre mi piel y el aire, y nunca, por nada del mundo, me equivoco.
Llueve sobre Madrid. Con fuerza, con rabia. Llueve para olvidar, para que la tierra olvide y se emborrache.
He llenado una copa con lluvia.
He intentado coser golpes de tela y de carne. He mandado una ilusión arriba, bien alto, para no verla caer. Efectivamente, no ha caído. Se ha quedado suspendida por las corrientes de aire. Ha planeado en la inmensidad de la noche sin estrellas.
Por fondo, tengo un piano.
Cae agua y más agua. Una puerta que se abre. Estridencias sobre la madrugada. Arrugas y jirones por confusión. Descenso con Orfeo. Incomprensión. Miradas vacías. Horror vacui.
Desciendo y desciendo y desciendo y desciendo. Bajo, bajo, bajo, bajo. Dolor, sólo dolor. El agua sigue cayendo. Un odre se derrama. Vuelven las estridencias. Incomprensión nuevamente.
Los jirones y las arrugas se empapan.
Tengo una copa llena de lluvia.
Esta noche, me la bebo solo.

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