11 agosto 2007

Negación de la voluntad

No tenéis ni idea de lo que es la Vida. No conocéis el verdadero significado de la palabra Tedio. No sabéis lo que es sentir que la vida no tiene sentido. Y no sabéis lo que es levantarse día tras día sabiendo que, por mucho que pasen las horas, todo seguirá siendo igual.
Siento el mismo enorme dolor una y otra vez. Y muchas veces siento que nada cambia. Que todo se repite una y otra vez de manera inexorable. Es la teoría del eterno retorno. Realmente no sé si todo esto no estaré condenado a repetirlo una y otra vez.
Se me vuelve a caer la noche encima una y otra vez. Otra noche más solo, sin nadie a mi lado que pueda mecerme en la noche. Las estrellas se me hacen enormes y les grito. Les pido que caigan desde el infinito en mi busca. Que me queme su luz y que acaben con esta existencia.
No siento ya el vértigo en la boca, pero sí en el fondo del corazón. Los alemanes lo llaman Herzeleid. Puede que los franceses lo llamen spleen, los portugueses saudade, los gallegos morriña, y nosotros no tenemos palabra para definirlo. Tedio no es la palabra. Mi lengua se queda hueca para expresar lo que siento. Mi mundo se empequeñece ante la falta de términos y aquello que siento en el fondo de mi alma no tiene una palabra para poder definirse. Por tanto, entonces, corro el riesgo de que no exista. Sin embargo, sé que esto que siento en mi interior existe, porque lo siento.
Pero la duda me atormenta y me hace dudar hasta de mi propia existencia. Sé perfectamente que mi vida dejó de tener sentido hace mucho. Sé perfectamente que sólo hay una maldita soga que no hace más que bambolearse a mi alrededor, y el último hilo de una inmensa soga de cáñamo trenzado, sujetando una piedra de 2000 kilos. Ese es el precario equilibrio que sostiene mi vida. Ese hilo cualquier día se tensará demasiado. Ese hilo terminará por romperse. Entonces será cuando me dé la vuelta y contemple la soga bamboleante. Tendré el mismo destino que Mainländer, para quien "el no ser es preferible al ser".
Celan se suicidó porque no tenía patria y lo último que le quedaba era el alemán para sentirse perteneciente a algo de lo cual dejó al final de sentirse perteneciente.
Mi mundo y, por tanto, mi lenguaje, no puede expresar mis sentimientos. Y la soga me espera.
Negación de la voluntad. No existo, porque me faltan palabras y me sobran sentimientos.

1 comentario:

Elena dijo...

Ah, Celan... Leche negra del alba... Los sentimientos más intensos son siempre aquellos para los que no hay palabras. Con frecuencia lo que puede ser descrito se limita a ser mediocre. Hasta en el dolor se puede sentir uno especial :p Y, aunque sea un tópico, cuando la cosa ya no puede ir peor... no le queda más remedio que mejorar, no? ;)