No sé vivir sin romperme el corazón cada día que pasa. No sé vivir sin el dolor y la opresión constantes en mi pecho. Ni sé qué es no tener la garganta atenazada por el llanto hora a hora.
Sigo sin saber cómo hacer funcionar mis neuronas. Sigo sin saber cómo lograr que mi cerebro funcione. Sigo sin saber cómo vivir día tras día.Sigo sin poder decir más de dos palabras sin que me apetezca huir. Sigo sin saber cómo hablar con nadie sin volverme loco. Sigo sin saber cómo dejar de lado el tedio y el hastío por vivir. No sé cómo salir del eterno gris que día tras día gangrena todas las partes de mi cuerpo.
Sólo sé que no puedo dormir por las noches ni despertarme por las mañanas. Sólo sé que hay colores enormes que se introducen todas las mañanas por mi boca y no hacen absolutamente nada. Sólo sé que cada día entiendo menos cosas y me sigue aterrando andar por la calle a la misma hora, camino del mismo destino.
Y sí, sigo viendo la misma soga una vez y otra vez, bamboleándose. Sigo viendo los trece nudos al final y oyendo el desagradable chirriar del cáñamo contra la madera, contra la misma viga.
Pagaré el precio, pero no calcularé el coste. O, al menos, de momento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario