21 marzo 2007

In the available light...

Imaginándote en la perfección, sólo conseguí que la caída fuera mucho más grande. Caí desde 10.000 metros de altura de manera totalmente libre y al estrellarme contra el suelo -por supuesto, sin ningún tipo de paracaídas-, sentí la inmediata rotura de todos mis huesos. Todos mis órganos internos estallaron al unísono con inusitada violencia. Sentí el desgarrar de los tejidos internos y el dolor enorme que todo eso provocaba. Mi estómago estalló e inundó de sangre y jugos mis entrañas que comenzaron a arder. Mi boca se llenó de sangre y sentí que me ahogaba al salir los fluidos por mis fosas nasales.
Mi cerebro se colapsó y la negrura más impenetrable me invadió. Desde entonces, moro en un mundo que se ha hecho gris, y el enorme miedo me invade en cada paso que doy, en cada nuevo paso que mi mente va y vuelvo siempre a los mismos pensamientos, porque la Historia, el Hombre y el Mundo son cíclicos como eterno castigo por vivir en un mundo esférico sin ningún tipo de referencia espacial real.
Porque el Infinito amenaza con castigarme por los siglos de los siglos como si fuera Prometeo. El águila no va a marcharse y se queda conmigo para labrar mi condena día tras día, y hora tras hora. Porque seguirán creciendo mis entrañas tras cada nueva caída y seguiré cayendo sin ningún tipo de protección hasta que mi mente termine por secarse totalmente. Porque todo lo que puede llevarse la luz es todo lo que me ha sido arrebatado. Y, desde entonces, no hay salvación posible.
Dolor, tan sólo dolor. Ése es el fin último de nuestra existencia.

1 comentario:

may dijo...

Por mucha veces que caigas, no importa lo alto desde donde lo hagas, nunca olvides levantarte, no le des ese gusto al resto del mundo, porque siempre habrá alguien que te de su mano para ayudarte a levantar.