Hay momentos en la vida de toda persona en la que se debe elegir entre la vida o la muerte. Por lo general suelo elegir la muerte.
Sobre mi espalda están tatuados los colores del infierno. El demonio suele ser mi compañero en largas noches en vela. Es gracioso tener como compañero a algo que no exista, diga lo que digan las viejas, los heavies estúpidos y los curas de pueblo. El cristianismo no es una religión dualista y no pienso aceptar que nadie me saque a Nietzsche en estos momentos. Creo en lo que creo y sé por qué lo hago. Además jamás me avergonzó decirlo.
El reloj continúa imparable su devenir perpetuo mientras los caminos del bosque se cubren de nieve. Un arpa ilustra perfectamente lo que quiero decir. Esa cadencia lenta entre notas que se suceden, y tus labios como contrapunto, mientras tus ojos me confirman que el éxito esta vez está cerca, aunque exista un muro infranqueable que nadie cree que pueda saltar. Sin embargo, esta tarde me sentí como un pájaro reflejado en tu mirada, y tus palabras me suenan a vino añejo, oporto amargo o alvarinho bien envejecido. Como el resoli que baja por mi garganta en las largas noches de abril, mientras el sonido de las horquillas me transporta a otro mundo, donde la tradición forma parte de mi vida y el sentido de las cosas es mucho más plano. Sesenta mil almas mirando una imagen que forma parte de nosotros, mientras nuestros hombros en carne viva nos hacen creer que así expiaremos nuestras faltas.
El tiempo nos hará seguir... algún día.
Sobre mi espalda están tatuados los colores del infierno. El demonio suele ser mi compañero en largas noches en vela. Es gracioso tener como compañero a algo que no exista, diga lo que digan las viejas, los heavies estúpidos y los curas de pueblo. El cristianismo no es una religión dualista y no pienso aceptar que nadie me saque a Nietzsche en estos momentos. Creo en lo que creo y sé por qué lo hago. Además jamás me avergonzó decirlo.
El reloj continúa imparable su devenir perpetuo mientras los caminos del bosque se cubren de nieve. Un arpa ilustra perfectamente lo que quiero decir. Esa cadencia lenta entre notas que se suceden, y tus labios como contrapunto, mientras tus ojos me confirman que el éxito esta vez está cerca, aunque exista un muro infranqueable que nadie cree que pueda saltar. Sin embargo, esta tarde me sentí como un pájaro reflejado en tu mirada, y tus palabras me suenan a vino añejo, oporto amargo o alvarinho bien envejecido. Como el resoli que baja por mi garganta en las largas noches de abril, mientras el sonido de las horquillas me transporta a otro mundo, donde la tradición forma parte de mi vida y el sentido de las cosas es mucho más plano. Sesenta mil almas mirando una imagen que forma parte de nosotros, mientras nuestros hombros en carne viva nos hacen creer que así expiaremos nuestras faltas.
El tiempo nos hará seguir... algún día.
2 comentarios:
Pasaba por aquí... :)
Cris tiene razón, tus posts son jodidamente difíciles de contestar!!! Así que me limito a hacerte saber que he pasado por aquí,he leído, y me ha encantado (o como diría César: vine, vidi, teletubbies).
Besos
lindo blog... dejo mis paginas... por si algun dia quisieras leerme:
http://spaces.msn.com/members/stimplton
http://www.jotelog.cl/metamorfosis
http://cortinasenroscadas.blogspot.com
dejo mi latiguillo:
deja saludos MartinA(M.)(nadie, o aun menos que eso)
muerte súbita!
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