29 mayo 2006

¿Por qué, Señor, no le arrancas los tímpanos para que pueda quejarse a gusto?

"¿Por qué, Señor, permaneciste callado?"
La verdadera pregunta sería: "¿Por qué, Señor, permanecimos sordos cuando tú nos gritabas desde Auschwitz, desde Birkenau, desde Mathausen..., desde los gulags siberianos, los sotanos del Ministerio de Gobernación español, los de la Escuela de Marina Argentina, los campos de prisioneros de Camboya, los campos de refugiados de Gaza, los autobuses de Tel Aviv, los campos del Kurdistán iraquí y turco, los zulos, Guantánamo...?"
¿Ahora hasta el Papa no va a ver la viga en el ojo propio y va a acusar a Dios de una paja en el Suyo?
Si los pájaros se lanzan a las escopetas que nadie se extrañe a partir de ahora...

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