A veces, por la noche, cuando el resto de las personas duermen, me despierto de improviso.
Un sudor frío recorre mi frente y, entre las sábanas, hechas un mar de despojos, intento encontrar un sentido al mundo. Tu recuerdo vuelve entonces a mí.
De repente, con el silencio roto de la noche, con la vigilia destrozada, me encuentro dando vueltas sobre una cama empapada en amoniaco y toxinas. Con el olor rancio a podredumbre, intento volver a mecerme en la oscuridad, pero ya es imposible.
Es en ese momento cuando mis ojos comienzan a percibir el contorno de los objetos en la oscuridad y el tiempo parece correr más deprisa o más despacio, dependiendo del nivel de trabajo del día siguiente. A veces, coches sin forma se cuelan por mi ventana y el reflejo de sus luces a través de los huecos de mi persiana me traen los más variados dibujos móviles a lo largo y ancho de mi cuarto.
A veces me levanto y doy vueltas por el cuarto, y abro la ventana y me enciendo un cigarro con la luz apagada, mientras disfruto del sonido a fósforo combustiándose del papel y toda mi habitación iluminarse mientras, calada tras calada, avanzo inexorablemente hacia la muerte. En esos momentos, aunque no siempre, vuelves a mí. Y de repente, me encuentro llorando tu ausencia, de forma silenciosa y avergonzada. Una simple lágrima amenaza con caer de mis ojos, y no sé a ciencia cierta si es por tus palabras al otro lado del mar o por el humo del cigarro que amenaza con quemarme enteramente mientras a más de mil kilómetros te contorsionas en un orgasmo perpetuo provocado por otras sábanas distintas a las mías, empapadas en el sudor de otro cuerpo y otro sexo distinto.
He colgado tu velo de la última estrella del cielo. A veces se contorsiona al frío de febrero. Excepto el 17, cuando vuelven los 8030 a recordarme toda la enfermedad que me conduce, lenta y dolorosamente hacia el primer ciprés nacido en la última mañana de mayo.
A 7 grados bajo cero me lloraron los que no me conocían. Y, de repente, el cielo se abrió y apareció el infierno y cuatro caballos cabalgados por los mejores amigos que cualquier humano podría desear.
A veces, me despierto por las noches y no sé si sueño o sólo dormito.
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