El parecido es innegable y la filiación, indudable. ¿Intertextualidad, préstamo o copia descarada? Es que de repente me saltó en una clase y me acordé. El primer poema (el "original") creo que no necesita presentación. El segundo es de Vladimir Holan, poeta checo si mal no recuerdo.
A une passante
La rue assourdissante autour de moi hurlait.
Longue, mince, en grand deuil, douleur majestueuse,
Une femme passa, d'une main fastueuse
Soulevant, balançant le feston et l'ourlet;
Agile et noble, avec sa jambe de statue.
Moi, je buvais, crispé comme un extravagant,
Dans son oeil, ciel livide où germe l'ouragan,
La douceur qui fascine et le plaisir qui tue.
Un éclair... puis la nuit! - Fugitive beauté
Dont le regard m'a fait soudainement renaître,
Ne te verrai-je plus que dans l'éternité?
Ailleurs, bien loin d'ici! trop tard! jamais peut-être!
Car j'ignore où tu fuis, tu ne sais où je vais,
O toi que j'eusse aimée, ô toi qui le savais!
A una que pasa
La calle tumultuosa en torno resonaba.
Alta fina, enlutada, dolor majestuoso,
pasó una dama con un gesto fastuoso
recogiendo el volante que en la falda le temblaba.
Ágil y noble asoma la pierna estatuaria.
Yo bebía, clavando mis pupilas sangrientas
en las suyas, cielo hondo con germen de tormentas,
la dulzura que exalta, la muerte voluntaria.
Un relámpago..., luego la noche.
Di, beldad
que huyes, ¿a qué sacarme del sopor en que estoy?
No te volveré a ver hasta la eternidad:
lejos, tarde, tal vez nunca, en todos mis días:
yo ignoro adónde vas, tú ignoras adónde voy,
pero te hubiese amado, pero tú lo sabías...
A une passante
La rue assourdissante autour de moi hurlait.
Longue, mince, en grand deuil, douleur majestueuse,
Une femme passa, d'une main fastueuse
Soulevant, balançant le feston et l'ourlet;
Agile et noble, avec sa jambe de statue.
Moi, je buvais, crispé comme un extravagant,
Dans son oeil, ciel livide où germe l'ouragan,
La douceur qui fascine et le plaisir qui tue.
Un éclair... puis la nuit! - Fugitive beauté
Dont le regard m'a fait soudainement renaître,
Ne te verrai-je plus que dans l'éternité?
Ailleurs, bien loin d'ici! trop tard! jamais peut-être!
Car j'ignore où tu fuis, tu ne sais où je vais,
O toi que j'eusse aimée, ô toi qui le savais!
(Charles Baudelaire)
A una que pasa
La calle tumultuosa en torno resonaba.
Alta fina, enlutada, dolor majestuoso,
pasó una dama con un gesto fastuoso
recogiendo el volante que en la falda le temblaba.
Ágil y noble asoma la pierna estatuaria.
Yo bebía, clavando mis pupilas sangrientas
en las suyas, cielo hondo con germen de tormentas,
la dulzura que exalta, la muerte voluntaria.
Un relámpago..., luego la noche.
Di, beldad
que huyes, ¿a qué sacarme del sopor en que estoy?
No te volveré a ver hasta la eternidad:
lejos, tarde, tal vez nunca, en todos mis días:
yo ignoro adónde vas, tú ignoras adónde voy,
pero te hubiese amado, pero tú lo sabías...
(Versión de Eduardo Marquina)
A una transeúnte
Aullaba en torno mío la calle. Alta, delgada,
de riguroso luto y dolor soberano,
una mujer pasó, con mano fastuosa
levantando el festón y el dobladillo al vuelo;
ágil y tan noble, con su pierna de estatua.
Yo bebía, cripado como un loco, en sus ojos,
cielo lívido donde el huracán germina,
la dulzura que hechiza y el placer que da muerte.
¡Un relámpago!... ¡Luego la noche! -Fugitiva
beldad cuya mirada renacer me hizo al punto,
¿sólo en la eternidad podré verte de nuevo?
¡En otro sitio, lejos, muy tarde, acaso nunca!
Pues no sé a dónde huyes, ni sabes dónde voy,
¡Tú, a quien yo hubiese amado! ¡Sí, tú, que lo supiste!
Aullaba en torno mío la calle. Alta, delgada,
de riguroso luto y dolor soberano,
una mujer pasó, con mano fastuosa
levantando el festón y el dobladillo al vuelo;
ágil y tan noble, con su pierna de estatua.
Yo bebía, cripado como un loco, en sus ojos,
cielo lívido donde el huracán germina,
la dulzura que hechiza y el placer que da muerte.
¡Un relámpago!... ¡Luego la noche! -Fugitiva
beldad cuya mirada renacer me hizo al punto,
¿sólo en la eternidad podré verte de nuevo?
¡En otro sitio, lejos, muy tarde, acaso nunca!
Pues no sé a dónde huyes, ni sabes dónde voy,
¡Tú, a quien yo hubiese amado! ¡Sí, tú, que lo supiste!
(Versión de Alain Verjat y Luis Martínez de Merlo)
Encuentro en el ascensor
Entramos en la cabina y estábamos allí solos los dos.
Nos miramos sin hacer otra cosa.
Dos vidas, un instante, la plenitud, la felicidad...
En el quinto piso ella bajó y yo, que continuaba,
comprendí que nunca más la vería,
que era un encuentro de una vez para siempre
y que aunque la hubiera seguido lo habría hecho como un muerto,
y que si ella se hubiera vuelto hacia mí
sólo hubiera podido hacerlo desde el otro mundo.
Entramos en la cabina y estábamos allí solos los dos.
Nos miramos sin hacer otra cosa.
Dos vidas, un instante, la plenitud, la felicidad...
En el quinto piso ella bajó y yo, que continuaba,
comprendí que nunca más la vería,
que era un encuentro de una vez para siempre
y que aunque la hubiera seguido lo habría hecho como un muerto,
y que si ella se hubiera vuelto hacia mí
sólo hubiera podido hacerlo desde el otro mundo.
(Vladimir Holan)Versión de Clara Janés
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